La gente no se da cuenta que el Sol brilla solo de 6 a 8... cuando yo subo a verla,
y que el día se torna en crepúsculo cuando recorro sus labios.
Nadie nota su cabello alegre, que juega absorto con el viento que le acaricia las raíces;
ni tampoco son capaces de percibir su olor desde tan lejos como lo hago yo.
El Universo no deja que me olvide de ella por un momento: El cielo nublado me dice
que ella se esconde solo para probar mi locura; las rosas amarillas junto al cerco
de mi casa, con envidia, me señalan que esta primavera será breve y que el próximo año traerá
nuevas flores, más bellas todavía... ¡¡amargadas!!... yo les digo que esta locura es eterna.
Pero debo agradecer mucho más al tiempo, que se detiene justo cuando llego arriba,
así puedo contemplarla por horas y hacerla reir sin cansancio,
porque el tiempo no corroe nuestras fuerzas, y mi entusiasmo se conserva intacto.
Con todo, es la noche mi mejor amiga: si no jugara con las estrellas
no podría escribir para a ella mis más locos pensamientos de amor,
y aunque no sé hacerlo con papel y lápiz, la noche misma se encarga de
dibujar nuestros rostros besandose en lo alto; y ya cuando en medio de palabras consteladas
nos despide el silencio, yo solo me pregunto si habrá algún límite para la felicidad.